Esta olimpiada fue vanguardista no en la implementación de algún nuevo reglamento, no, tampoco lo fue en la creación de un nuevo deporte, sino, simplemente fue en la nueva concepción del periodismo de última generación.
Anteriormente el periodista era una persona alejada del deportista, pero con la llegada de la ON se rompieron los esquemas, y para muestra basta un botón.
Día de eliminatorias en Canotaje en la presa “La Boca” en Santiago, Nuevo León; ahí, donde estábamos alejados de todo mundo, en la delegación de Sonora apareció un distinguido personaje llamado Emmanuel Campa, quien supo llevar mas allá de su profesionalismo su sentir de los colores por la Ola Roja.
Platicó, conversó, hizo una más que amistad con los sonorenses que venían en busca de experiencia, pues supo tocar las fibras de esos atletas quienes le respondieron dando su máximo esfuerzo.
Al iniciar las competencias los atletas comprendieron que no estaba solos, pues el amigo Campa estaba ahí para ser el enlace con su estado y con su familia. El canoista remó, remó y remó sin parar, su corazón le indicaba que no podía dar marcha atrás y tenía que dejar todo para buscar la gloria.
Después de la extenuante competencia, el resultado no podía ser mejor. Al concluir la prueba, y al sentirse derrota, solo quedaba dar la cara a su Estado, el cual estaba representado por el periodista del nuevo milenio.
Campa y el atleta entran en un dialogo que será inmortalizado. Campa – “felicidades wey, entraste en tercero”, a lo que el atleta responde “no mames”. Después de estas emotivas palabras no queda duda de que el periodista puede y debe ser amigo del atleta sin buscar el lucro de una exclusiva.
Ojala y mas periodistas fueran como el, porque ya quisiéramos ver a los “consagrados” obteniendo tan fuertes declaraciones y tan contundentes sin la pronunciación de una sola pregunta.
Por eso y mas… gracias Campa por revolucionar nuestro periodismo.